lunes, 19 de enero de 2009

Los Tupinambá

Se trata de una tribu brasileña cuyos miembros vivían hace 500 años en la zona donde ahora se asienta Río de Janeiro. Siempre se ha asociado el canibalismo como una consecuencia de la mala alimentación de ciertas tribus. Estos tenían todo lo que necesitaban. Se comían a los demás por venganza. Pero eran remilgados, elegantes y hasta educados.
Sólo se comían a los prisioneros de guerra, y entre ellos, únicamente se zampaban a los más fuertes y valientes. No se comían a los rancios, ni a los viejunos. Eso que lo hicieran otras tribus más salvajes, ellos no eran una del montón, faltaría más. No sé si todos los indios saben igual, pero a ellos les molaban especialmente los Temiminós. Debían ser como las ángulas comparadas con las gulas: mucho más sabrosos. Y como guerreaban con ellos, pues les tenían ganas.
Los tupinambás no tenían prisa. Cuando seleccionaban a un prisionero el jefe de la tribu lo convertía en su huesped personal. Le prestaba su propia choza, le daba de comer lo mejor y le agenciaba una churri bonita. El prisionero se tenía que casar con la chica y vivía una razonable luna de miel. ¿Alguna vez en la historia alguien ha tratado así a su enemigo? ¿Quién puede afirmar que eran más crueles que los hacen pasar a sus presas años en una celda o campo de concentración?
Cuando era el día de la ejecución, los tupinambá invitaban a los de las aldeas vecinas, que ni se les ocurría no acudir a semejante fiestón. Todos bailaban y cantaban. Luego al prisionero le daban trozos de cerámica para que los lanzase contra los captores y lo suyo era que les insultase y jurase que sus hermanos vendrían a vengar su muerte. En el auge del discurso, alguien llegaba por detrás y zascaaaa. Le partían el cráneo de un fostio. Muerte rápida y sin dolor, por amenazarles, por haberles insultado y tocado los huevos. Que a quién se le ocurre, oye.
Luego con cariño, recortaban su cuerpo. Lo duro se ahumaba y era para los guerreros. Vísceras, tripas y sesos, para hacer caldo que luego se tomaban las mujeres. Los niños, que ya se sabe que suelen ser melindrosos, tomaban la sangre aún tibia. Al final, todo era simbólico. Porque la carne de un tío para tanta gente, pues tocaban a un huevo, un dedo o un menisco para chuperretear. Pero ellos eran felices porque habían absorbido la fuerza de un enemigo.

8 comentarios:

Pecosa dijo...

Mira que hay maneras de contar las cosas. Porqué mira que las hay... Muy gracioso a la par que instructivo, por supuesto...

...

Estoy pensando en zamparme a mi colega de trabajo, a ver si le absorbo la jeta que tiene.

Ouhhyeah dijo...

Asegurar que las angulas son mas sabrosas que las gulas es algo para lo que hay que haber hecho un trabajo de campo primero... y siempre ha habido clases

;-)

chuikov dijo...

ha sido una licencia. porque las angulas, las buenas buenas, no las pruebo desde los 13 o 14 años. es decir, lo suficiente para haber olvidado su sabor.

Rosie dijo...

Es una buena técinca...tomo nota.

Mery Fence dijo...

¿Recordáis al caníbal de Rotenburgo? eso sí que ponía los pelos como escarpias...estos por lo menos parecían majos.

chuikov dijo...

yo conocía al de Rostov. el de rotemburgo no me suena.

Mery Fence dijo...

El caníbal de rotenburgo quedó con un tío por internet y se comió su pene.
Por lo que sé tuvieron problemas para procesarlo porque lo hizo con el consentimiento del otro señor.

chuikov dijo...

claro, ahora si que recuerdo esa historia. muy edificante tambien. pensaria que de lo que se come se cría.