miércoles, 8 de julio de 2009

El salto II

Me puse mi mono azul del ejército con la bandera de España en el hombro. Me sentaba el mono como un guante. Desde Top Gun no se veía una estampa igual. En seguida me dijeron que fuera a una ventanilla a unos metros que tenía que rellenar un papel. "¿Dónde?", dije yo. "Allí, donde la corona de flores", dijo uno de los paracaidistas con macabro humor. En el papel reconocía que me tiraba bajo mi responsabilidad y me pedían que pusiera los datos y el teléfono de alguien cercano a quien avisar si me ocurría una desgracia.

Nos subimos al avión militar de helices por la rampa trasera. Era una lata y sonaba como tal. Se elevó con pereza y con la puerta lateral abierta todo el rato. No había asientos normales, sino una especie de catres plegables. En el techo había dos cables de los que se ve en las pelis que se enganchan los paracaidistas para tirarse. Allí hacía mucho calor y mucho ruido. El aviónseguro que tenía más años que cualquiera de los que estuvieramos allí.

A los 1.000 metros se lanzaron primero los que estaban entrenando salto de precisión. Tienen que tocar en el aterrizaje un circulo del tamaño de una moneda.
Seguimos subiendo y sólo quedaban 4 chicas y yo. Ellas tambien eran militares y unas máquinas. Una de ellas, me miraba fijamente con una media sonrisa extraña y con mirada entre bobina y esquizofrénica. Al principio, le devolvía la sonrisa, luego intentaba evitar mirarla porque daba miedo. Estas chicas saltaron a los 2.000 metros.

El hombre con el que iba a saltar tendría unos 35 años y había saltado unas 6.000 veces. Toda una garantía, pero hace 10 días la palmó un chaval saltando en Ocaña con su instructor. Los otros dos paracaidistas que quedaban eran también militares y llevaban sendas cámaras en sus cascos. Tenían un alambre que iba de la cámara a la boca y con la lengua le daban a grabar. Total, que cuando llegamos a 4.000 metros sonó una alarma en el avión, se volvió a abrir la rampa y los sembrados de abajo se empezaron a ver minúsculos. No había vuelta atrás. Nos fuimos acercando poco a poco al extremo y en cuanto saltaron los dos cámaras fui detrás.

Los dos primeros segundos son brutales. Es una sensación indescriptible y maravillosa. En el primer momento no pude evitar gritar. El rebufo de aire del avión hace que se te eleven las piernas y que te pongas casi boca a abajo. Tienes la sensación de que vas a dar vueltas de campana. Pero en seguida te pones en posición normal de caida libre. Es genial ver el paisaje y el horizonte cuando vas cayendo. No tienes sensación de bajar sino de flotar. Los 50 segundos de caida libre se me pasaron rápido pero los disfruté. Es curioso, pero conforme pasan los días se me ha ido acortando la sensación de tiempo en el salto, y se me han olvidado las cosas que pensaba durante esos istantes. No me acuerdo qué pasaba por mi cabeza.

Sin avisar el tipo tiró del paracaidas. De 200 km por hora pasamos a 10 por hora en una décima de segundo. El frenazo es muy brusco y como el arnés va por las ingles, pues el tirón os lo podéis imaginar, y más en una zona tan viril y delicada. A partir de ahí te relajas. Empezamos a comentar el salto (me sorprendió que no hiciera falta gritar). Después de la emoción inicial, esa parte es light. El tipo me dejó que manejara el paracaidas. Tirabas de la derecha e ibas para la derecha, a la izquierda, pues a la izquierda. Parecía muy fácil, y ahí arriba todo era muy placentero. Poco después llegábamos al suelo. Mis piernas debían empezar a correr antes de tocar el suelo, pero eso es como montarse en marcha en una cinta eléctrica en el gimnasio. Es fácil darse un bacalao... y así fue. Afortunadamente aterrizamos en una especie de sembrado blandito.

Pues eso es todo. Recomiendo a todos que lo probéis porque vais a vivir seguramente el minuto más intenso de vuestra vida.

6 comentarios:

Habitante dijo...

Quisiste hacerlo durante tanto tiempo...felicidades. Una cosa menos por hacer...

Pecosa dijo...

Lo más parecido a eso que he hecho en mi vida fue subirme al Ave Fenix de Terra Mítica, e intenté gritar, pero apenas me salió un hilo de voz. Yo creo que en paracaídas directamente ni grito, de tanta impresión.

Toda una experiencia.

ulises dijo...

50 segundos de caída libre es casi un minuto sopesando si funcionará el paracaídas o no.
Acojonante.
Enhorabuena por el salto.

chuikov dijo...

ulises, ahora que lo dices, creo en ningún momento pensé en que no se abriera el paracaidas.

Música dijo...

como mola!

Tessi dijo...

Todavía no he visto el video, pero sólo me sale una palabra: ENVIDIA!!!